París de noche

París cambia de carácter cuando anochece. La piedra clara de los edificios devuelve la luz de las farolas, el río se convierte en un espejo y los monumentos que de día compiten con el tráfico pasan a estar solos en la oscuridad. Es, con diferencia, el mejor momento del día para verla.

El Pont Alexandre III sobre el Sena al atardecer, con la Torre Eiffel al fondo

El centelleo, a la hora en punto

Desde que anochece y hasta la una de la madrugada, la Torre Eiffel destella cinco minutos al principio de cada hora con miles de luces blancas. No hay que pagar nada por verlo: basta con estar cerca. Los sitios clásicos son la explanada del Trocadéro y el Campo de Marte, pero desde el agua se ve la torre entera y sin nadie delante.

El río, que es donde está el espectáculo

De noche el Sena hace algo que de día no: duplica la ciudad. Los puentes iluminados, la fachada de Orsay, Notre-Dame y la Conciergerie aparecen dos veces, arriba y reflejados. Un crucero al final del día recorre todo eso en una hora, y como el billete no lleva hora asignada puedes decidir sobre la marcha a qué salida subirte.

Notre-Dame y la Isla de la Cité iluminadas al anochecer desde el Sena

El Arco, abierto hasta tarde

Poca gente sabe que el Arco del Triunfo cierra a las 22:30, así que se puede subir bien entrada la noche. Desde la terraza se ven las doce avenidas convertidas en ríos de luz y la Torre Eiffel centelleando a lo lejos. Ten en cuenta que la última entrada es 45 minutos antes del cierre.

Un paseo que funciona

Del Pont Alexandre III al Pont Neuf por la orilla izquierda hay poco más de media hora andando, casi todo junto al agua y con los muelles iluminados. Es la caminata nocturna más agradecida de la ciudad y no cuesta nada.

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